
El niño interior es nuestro autentico ser, la parte vital y energética que nos mueve sin temor y que en muchos casos no podemos evitar manifestar, es nuestro autentico potencial interior, aquella posibilidad de desarrollarnos, de actualizarnos, de crecer, es una necesidad intrínseca que en muchos casos se mantiene adormecida, además es considerada esa parte interna que no pudo expresar su dolor en un momento concreto, que ha reprimido sus emociones más profundas y que ha motivado que nos adaptemos al entorno por miedo al abandono.
El niño interior es una parte esencial de la creación de nuestro yo, aquella parte donde residen los aprendizajes que proceden de influencias, aquellas parte que magnifica nuestro miedos y que se rige según las emociones más difíciles que ha debido pasar, que no ha sabido afrontar y frente a las que ha impuesto una barrera psico física, y es esa parte de nuestro ser que espera latente, el momento en que puede ser escuchado, tomado en cuenta y poder obtener lo que no tuvo en su momento.
Ser conscientes de esta parte imprescindible de nuestra persona es el primer paso para desarrollar y mejorar nuestro niño interior. De esta relación se sucede nuestra personalidad. El abrazar el niño interior permite romper estereotipos y vincularse a crecimiento y desarrollo de esta característica propia para el desarrollo aptitudes específicas para cada momento vivido.