Existen diversas formas de interpretar el mundo, y esta interpretación es la forma de concebir la realidad de un modo personal influenciado por nuestras creencias.
La capacidad de expresar y controlar nuestras emociones es esencial, pero también lo es nuestra capacidad para comprender, interpretar y responder a las emociones de los demás.
Daniel Goleman describe la Inteligencia Emocional como la capacidad de una persona para manejar sus sentimientos de manera que esos sentimientos se expresan de manera adecuada y efectiva. Según los estudios de Goleman, la Inteligencia Emocional es el mayor predictor de éxito en la vida laboral y emocional.
La psicología moderna ha encontrado que el 98% de la realidad no puede ser registrada por la mente. Podríamos decir que solo vemos el dos por ciento de la realidad que interpretamos, viviendo en una realidad subjetiva. Sentimos que este pequeño porcentaje de la realidad “es el todo de lo que existe”.
Con esta información que nuestra percepción recoge, nuestra mente se transforma en un juez, permite solo aquello que le conviene, y se adapta a esta a realidad. Nuestra mente solo acepta lo que alimenta sus creencias. Como funciona esto? Daremos un ejemplo; si has leído este texto con prejuicios en pro o en contra entenderás cosas diferentes. Lo aquí escrito, dirá lo mismo pero tus creencias harán que sea interpretado de una u otra manera, Si eres católico entenderás algo diferente al cristiano!
Poseemos tantas respuestas automáticas infundadas por nuestras creencias y expectativas que todo es interpretado según nuestra propia mente.
El conocimiento que poseemos, simplemente oculta la ignorancia y limita las experiencias.
Nuestra verdad solo es una porción de la realidad!
Habitualmente percibimos la idea de que la fuerza está relacionada con dureza y positividad. También que sentirnos vulnerables y sensibles esta relacionado con debilidad y flaqueza. Esta realidad subjetiva y además común nos ha llevado a fomentar la idea de que ciertas emociones no son buenas y por tanto, para ser fuertes y estar “bien”, no podemos permitirnos sentirlas.
Es así como nuestro juez interior comienza a tomar forma y fuerza, censuramos nuestras emociones, decidimos bajo esta influencia que cosas están bien y que cosas no podemos, ni debemos sentir, ademas nos exigimos tener la razón.
Este juez se proyecta sobre los demás, nos medimos constantemente atribuyéndonos el poder de decidir lo que a los demás les conviene o no les conviene.
Nuestro juez interno al estar conectado con la razón y la lógica no suena como algo negativo, sino como esa voz motivadora, que genera la posibilidad de ser una mejor persona y que de no tener este juez, no sería posible avanzar o madurar.
Sin embargo la dureza de esta voz interna puede llegar a hundirnos, convirtiéndose en un maltratador interno que no nos habla solo de la situación puntual, sino que nos señala de ser inadecuados o malos en general, creando la percepción de que esta es y será nuestra identidad principal.
Luego, cada pensamiento desencadena una emoción y las emociones que corresponden a esta forma de pensamiento son la culpa, la vergüenza, la tristeza, baja autoestima, enojo entre otras emociones, que nos convencen de que esta es la verdad absoluta de nuestro ser.
Esto no significa que la introspección sea negativa, Cuando nuestra autocrítica se hace desde la compasión y la solidaridad (sin pasarnos al extremo de la justificación alcahueta) surgen la motivación, la valentía y el coraje necesarios para afrontar los retos de la vida.